TERAPIA ANALÍTICA
INTRODUCCIÓN
Antes de comenzar a exponer el tema quería disculparme por la labor de condensación del texto que he tenido que realizar debido a la articulación de varios conceptos esenciales implicados en la terapia analítica, aun así espero que este modesto acercamiento a la terapia analítica incite a un estudio más severo de la misma.
En otras conferencias ya dirigimos nuestra atención sobre las características del inconsciente diferenciándolas del sistema consciente, el inconsciente no juzga, no calcula, sólo le interesa transformar, expresarse. En el inconsciente, podríamos decir que no existe la contradicción. Un ejemplo ilustrativo es el siguiente cuento que aparece en el libro de la interpretación de los sueños. Trata de una persona a quien se le reprocha haber devuelto un caldero agujereado y que responde lo siguiente: primero, que lo ha devuelto intacto, segundo, que el caldero ya estaba agujereado cuando se lo prestaron y, tercero, que nunca le habían prestado ese caldero. Por separado, cada una de estas explicaciones sería perfectamente válida, pero el conjunto no puede satisfacernos en forma alguna, esto ocurre para la lógica de la conciencia porque para la lógica del inconsciente es posible dichas contradicciones.
Una vez producida la teoría del inconsciente, se desprende un método de conocimiento que sería el método de interpretación-construcción, de este método de conocimiento, se desprende a su vez la técnica, que en el caso del tratamiento psicoanalítico, sería la asociación libre del paciente y la transferencia.
La situación analítica se produce en el marco de unas características definidas o de un encuadre, tales como la presencia de un psicoanalista esencial para el establecimiento de la relación transferencial, un pacto de horarios y honorarios, una implicación del paciente de comunicar al psicoanalista cualquier ocurrencia por disparatada o amoral que al sujeto le parezca, así el paciente no ha de ejercer sobre las ideas que en él aparecen ninguna coerción y comunicarlas tal cual acceden a la conciencia.
Para el psicoanálisis el sujeto psíquico no está dado de antemano, decimos que es una construcción en análisis, donde el producto del análisis para el analizado sería la autotransformación y el autoconocimiento.
El discurso del paciente lo tomamos como materia prima, es el último producto efecto de la elaboración inconsciente, del funcionamiento del aparato psíquico. En tanto que el interés del psicoanálisis no recae en el hecho acontecido, sino en el hecho contado, así podemos argumentar que la realidad para un sujeto determinado es lo que dice de ella y no tanto el hecho acontecido sino lo que el sujeto dice de lo que aconteció, para el sujeto la realidad es una realidad significante, es decir pasada por la palabra.
El trabajo del método psicoanalítico sobre el discurso del sueño es el que hace que el sueño tenga sentido, partimos del sueño manifiesto último producto efecto de la elaboración inconsciente, se reconstruyen operaciones de desplazamiento y condensación, se produce la interpretación que se da cuenta de la estructura determinante. Es ahora y no antes, cuando por medio de la interpretación psicoanalítica puedo decir que se produjo un deseo inconsciente, tanto es así que se llega a decir que el deseo inconsciente es su interpretación.
En psicoanálisis se piensa el síntoma como materia prima, sería un objeto aparente, un contenido manifiesto, si se quiere, que precisa de un trabajo para su transformación. Ya argumentamos que el sueño tal cual no tenía ningún sentido, que después de la asociación libre por parte del paciente en transferencia y con la producción de la interpretación psicoanalítica de ese material producíamos un sentido, y esto lo poníamos en relación en tanto que el sueño ya no es para el sujeto algo extraño, sino que queda ligado a la concatenación de la vida psíquica normal de este sujeto. Así tratamos también al síntoma psíquico, ya que la producción del sueño y el síntoma se rige por las mismas leyes inconscientes, que son si recordamos los mecanismos de desplazamiento y condensación, la elaboración secundaria y la puesta en escena, entonces después de la interpretación el síntoma cobra sentido.
En psicoanálisis el diagnóstico no es fenomenológico, como dijimos el síntoma es aparente, es un signo, por ejemplo puede que un sujeto con diagnóstico de depresión padezca en realidad de neurosis obsesiva es decir que es la estructura neurótica la que sostiene los síntomas a pesar que el fenómeno puede ser parecida a la del depresivo, en tanto síntomas como el desinterés por el mundo, disminución de capacidad de goce, son síntomas que vemos en las dos estructuras.
Es por medio de la interpretación psicoanalítica que sabemos cual es la estructura psíquica que sostiene el síntoma y no a priori, el tratamiento y el diagnóstico en psicoanálisis son simultáneos, sólo después de comenzar un tratamiento psicoanalítico podemos saber de qué se trataba.
El descubrimiento freudiano es que existe una causa específica en las neurosis: la relación del sujeto con su deseo inconsciente.
Mediante las anteriores acotaciones podemos decir que tanto salud como enfermedad son procesos, trabajos. En el enfermar y en el mantenimiento de la enfermedad existe un trabajo inconsciente, la enfermedad mental, no es un proceso azaroso es un proceso efecto de un trabajo psíquico realizado.
El tratamiento analítico impone al psicoanalista y al enfermo un trabajo a realizar para cada uno, este trabajo tiende a levantar resistencias internas del paciente; una vez dominadas éstas, queda la vida psíquica del paciente modificada de un modo duradero y protegida contra una nueva posibilidad patógena. Hemos de tener en cuenta que las resistencias constituyen una parte importante de la terapia pero no la esencial.
La solución de sus conflictos y la supresión de sus resistencias se consiguen por medio del trabajo analítico, se trata de construir una historia de deseos, no se trata de convencer al paciente o educarlo o explicarle como deben ser las cosas, no se habla a la conciencia, se produce una historia de deseos, de interpretaciones, más allá del hecho acontecido.
TRANSFERENCIA Y SALUD
Para ello nos valemos de la transferencia un concepto muy importante, podemos definir transferencia describiendo el siguiente movimiento: el afecto se desliga de la representación a la que está asociado. La representación permanece inconsciente y el afecto libre, capaz de unirse a cualquier otra representación. Un paciente puede transferir afectos que sentía hacia su padre al analista. Freud cuando expone el caso Elizabeth, dice que se da cuenta como Elizabeth se mueve alrededor suyo como si él fuera su padre, no le dice usted ahora me esta tratando como si yo fuera su padre, no lo utiliza, lee la transferencia, no la interpreta se sirve de ella, interpreta en transferencia, volveremos sobre estas cuestiones más adelante.
La relación de cada uno con nuestro deseo es que cuando no toleramos nuestro deseo lo reprimimos y la represión, produce síntomas.
La terapia psicoanalítica consigue, en tales casos, someter a revisión el proceso de represión y derivar el conflicto por excelencia hacia un desenlace mejor, produciendo salud.
Para la teoría psicoanalítica el concepto de salud se redefine, freud plantea que la salud del sujeto tiene que ver más con la capacidad de amar y trabajar. Otro acercamiento al concepto de salud es la relación del sujeto con la realidad, un sujeto normal es aquel que transforma una realidad que le es conocida, sin embargo la relación con la realidad del neurótico sería que conoce la realidad pero huye de ella y del psicótico que con el delirio o la alucinación transforma una realidad que desconoce. Otro criterio de salud este es la capacidad del sujeto psíquico de sustituir frente a la pérdida de un objeto tanto real como imaginado. Hay personas que se separan de la novia o novio y se deprimen, no pueden sustituir, la capacidad de sustitución es necesaria para la salud.
Así que serían criterios de salud: capacidad de amar y trabajar, capacidad de transforma una realidad que conocemos, capacidad del sujeto psíquico de sustituir.
RESISTENCIAS
En todo tratamiento analítico tenemos que tener en cuenta la aparición de resistencias, que se producen de desigual manera y se manifiestan de diferente forma unas de otras. Es porque el sujeto reprimió que luego se resiste en el análisis. El aparato psíquico esta estructurado para que el sujeto no sepa nada de su deseo inconsciente. Habría que señalar la diferencia entre demanda y deseo, el paciente demanda, dice: yo quiero curarme, esto no quiere decir que el deseo del paciente sea el de curación, a veces, el deseo es el mantenimiento de la enfermedad.
Esto es debido a las resistencias del yo, las que parten de la ventaja de la enfermedad y se basan en la incorporación del síntoma al yo. Esta resistencia corresponde a la rebelión contra la renuncia a una satisfacción. Podemos distinguir aquí, una ventaja primaria de la enfermedad, es decir la ventaja que conlleva para el inconsciente la realización de un deseo, aunque sea en forma de síntoma, y además, tenemos que pensar toda la enfermedad como defensa, en el sentido de que esa es la salida más digna de la que el sujeto fue capaz, la ventaja secundaria estaría más en relación con aquellas actividades que el sujeto se libra de desempeñar a nivel social a causa de su enfermedad.
Uno de los mayores obstáculos de la labor analítica son las resistencias del superyo, procede de la conciencia de culpa o necesidad de castigo. Se trata de un sentimiento de culpa inconsciente. La enfermedad aparece como castigo que reduce la culpa, mientras se mantiene la enfermedad el sujeto se siente libre de toda culpa, por eso se resiste tanto a abandonar el síntoma, la enfermedad.
LIBIDO
Uno de los conceptos a tener en cuenta de la teoría psicoanalítica es el concepto de libido. Libido significa en el psicoanálisis la energía (concebida como una cantidad variable y medible) de los instintos sexuales orientados hacia el objeto (en el sentido dado por la teoría analítica con respecto a la concepción ampliada de la sexualidad humana). Sólo hay una libido y la denominamos de una forma u otra dependiendo de su localización, se denomina libido objetal si rodea al objeto o libido narcisista si está orientada al propio yo del sujeto. Los efectos recíprocos de estas dos fuerzas han permitido explicar multitud de procesos de la vida psíquica tanto normales como patológicos. Ejemplo: cuando cambiamos de casa, cambio de una etapa, cuando un dolor físico nos invade, toda la libido esta concentrada en el dolor y el mundo y las personas pierden interés.
En el curso de la labor terapéutica hemos de preocuparnos de la distribución de la libido en el paciente; investigamos a qué representaciones de objeto está ligada su libido, y aumentamos la disponibilidad de la libido del sujeto.
El movimiento libidinal rodea el objeto para volver de nuevo al yo. En el proceso analítico se produce una mayor disponibilidad de la libido.
Hemos dicho antes que cuando el yo conserva en sí la libido le damos el nombre de «narcisismo» en recuerdo de la leyenda griega del adolescente Narciso, enamorado de su propia imagen. Así pues, atribuimos al paciente un progreso desde el paso de la libido en el yo a la libido de objeto Para la buena salud del sujeto es esencial que su libido no pierda esta movilidad. No se puede ni todo para mí, sin el otro, esto enferma. Ni se puede todo para el otro y yo no existo, esto también enferma.
TEORIA DE LA LIBIDO. TRANSFERENCIA. NEUROSIS DE TRANSFERENCIA
Completaremos ahora la exposición del mecanismo de la curación, expresándola en las fórmulas de la teoría de la libido. El neurótico es incapaz de gozar y de trabajar; de gozar, porque su libido no se halla dirigida sobre ningún objeto real, el neurótico se relaciona con su propio imaginario, con la imagen que tiene del otro (ejemplo chico que espera a chica); es incapaz de trabajar, porque se halla obligado a gastar toda su energía para mantener a su libido en estado de represión y protegerse contra su propio deseo inconsciente. Podrá curar cuando el conflicto entre su yo y su libido haya terminado y vuelva a tener de nuevo la libido a su disposición.
La terapia analítica consiste, pues, en desligar la libido de sus ataduras actuales, sustraídas al yo, y ponerla nuevamente al servicio de este último. La libido del neurótico se halla adherida a los síntomas, los cuales procuran al sujeto una satisfacción sustitutiva, la única por el momento posible. Hay un caso de una paciente que trae Freud aquejada de una histeria que tenía la fantasía de quedar embarazada de varios hombres y el síntoma que se produjo como satisfacción sustitutiva fueron los vómitos, una manifestación del embarazo.
Los síntomas son el producto de la lucha de dos montantes de energía que se oponen uno a favor de la expresión del deseo y otro en contra actuando como prohibición de dicho deseo.
El neurótico está juzgando un deseo infantil reprimido con la moral adulta, juzgando con la moral actual un periodo infantil amoral, juzga esos deseos inconscientes desde la moral actual, el psicoanálisis le da herramientas para resolver esta situación de otra manera.
La labor principal es la de crear, partiendo de la transferencia, nuevas ediciones de los antiguos conflictos. En éstas el paciente repite la manera de relacionarse que tiene con los otros, en la relación transferencial con el psicoanalista, pero esta vez la respuesta es otra, y esto es así fundamentalmente porque el psicoanalista sabe que no es con él lo que le pasa al paciente, que lo que siente el paciente, no es más que una manifestación de una puesta en acto del inconsciente.
La transferencia se convierte en este modo en el campo de batalla sobre el cual deben combatir todas las fuerzas en lucha. Toda la libido y todo lo que se le opone se hayan concentradas en la actitud del paciente con respecto al analista, produciéndose inevitablemente una separación entre los síntomas y la libido, así quedan los síntomas despojados de todo revestimiento libidinoso. En lugar de la enfermedad aparece una nueva artificialmente provocada; la neurosis de transferencia, y los objetos tan variados como irreales a los que antes estaba ligada la libido quedan sustituidos por uno solo, aunque igualmente fantástico: la persona del analista. Esta relación transferencial libera al sujeto de los síntomas que padecía en la realidad. El psicoanálisis evita una nueva represión, poniendo término a la separación entre el yo y la libido, y restableciendo la unidad psíquica de la persona, de manera que nos hallamos ante un conflicto psíquico normal. Cuando la libido se desliga por fin del objeto pasajero que supone la figura del analista, la libido no puede ya retornar a sus objetos anteriores y se mantiene a disposición del yo para revestir nuevos objetos.
OBSTÁCULOS. FASES. VENTAJAS.
Los obstáculos durante esta labor terapéutica son, por un lado, la antipatía del yo hacia determinadas orientaciones de la libido, antipatía que produce en la tendencia a la represión, y se manifiesta en las resistencias, anteriormente hemos hablado de alguna de estas resistencias; y otro obstáculo sería la fuerza de adherencia o lo que podemos llamar la viscosidad de la libido, un humano no abandona nunca aquello que alguna vez lo hizo gozar, es decir que el sujeto no abandona voluntariamente los objetos sobre los cuales ha llegado alguna vez a cargar libidinalmente.
La labor terapéutica puede, pues, descomponerse en dos fases: en la primera, toda la libido se desliga de los síntomas para fijarse y concentrarse en las transferencias. En la segunda se desarrolla el proceso que denominamos neurosis de transferencia alrededor del nuevo objeto, del cual acabamos por desligar la libido, restaurando la movilidad. Mediante la transferencia el síntoma pasa de la realidad del sujeto al análisis del sujeto, podemos decir que produciendo una neurosis de transferencia para que el paciente disponga de su libido en el afrontamiento de la realidad.
Este resultado se obtiene, en la neurosis de transferencia, impidiendo una nueva represión, a favor de la cual escaparía otra vez la libido del yo al refugiarse en lo inconsciente, represión que es evitada por la modificación que el yo ha experimentado, ahora es un sujeto más tolerante hacia su propio deseo. Debido al trabajo de interpretación que transforma lo inconsciente en consciente, la mayor parte de las represiones que se presenta en la labor terapéutica son casos de represión secundaria. Es la represión primaria la que ejerce una influencia de atracción sobre las nuevas situaciones produciendo las represiones secundarias.
Por otro lado el yo también se las arregla de un modo más conciliador con respecto a la libido, además concede a la libido una determinada satisfacción. Los rechazos que el paciente experimentaba ante las exigencias de la libido se disminuyen, debido a la posibilidad de disponer de parte de ella para la sublimación. Cuanto más próximas a esta descripción ideal resulten la evolución y la sucesión de los procesos en el curso del tratamiento psicoanalítico, mayor será el éxito de éste.
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