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MECANISMO DE PLACER EN EL CHISTE

El estudio de “EL CHISTE Y SU RELACION CON EL INCONSCIENTE” es un texto escrito en 1905 por Freud. El anterior encuentro trató sobre una primera parte llamada analítica, donde el autor distinguía entre todas las técnicas del chiste tres grandes grupos, a saber, la condensación, el empleo múltiple de un mismo material y el doble sentido.

Un ejemplo de la técnica de condensación sería el chiste que cuenta Heine sobre un agente de lotería, que, vanagloriándose de sus relaciones con el opulento millonario Rothschild, exclama: “Tan cierto como que de Dios proviene todo lo bueno, señor doctor, es que una vez me hallaba yo sentado junto a Salomón Rothschild y que me trató como a un igual suyo, muy “famillionarmente” .

Un ejemplo de las técnicas del empleo múltiple de un mismo material sería por ejemplo un chiste por similicadencia, esto es que, una misma palabra aparece empleada en dos formas distintas: En una reunión de París fue presentado un joven que por apellidarse Rousseau se le suponía familiar de Juan Jacabo. Entre sus peculiaridades destacaba que era pelirrojo pero poco inteligente. Al despedirse el que le presentó de la dueña de la casa, ésta le dijo me habéis presentado a un joven roux et sot (pelirrojo y tonto) pero no un Rousseau.

Y por último, un ejemplo del empleo del doble sentido: ¿Cómo anda usted? Pregunta el ciego al paralítico, ¡Cómo usted ve! Responde el paralítico al ciego.

Más adelante vimos las intenciones del chiste, que se dividen en chistes inocentes y chistes tendenciosos, y a su vez en los tendenciosos se encuentran los chistes sexuales, los hostiles, los cínicos y los chistes con tendencias escépticas.

Los que poseen tendencias sexuales están destinados a mostrarnos una desnudez, los chistes verdes son un ejemplo de este grupo.

Los hostiles, destinado a la agresión, la sátira o defensa. Como el chiste sobre el matrimonio. Donde El novio hace su primera visita a casa de la elegida y mientras espera en una sala junto con el intermediario éste le llama la atención sobre una vitrina llena de objetos de plata: Ya ve usted a esta gente le sobra el dinero. ¿Pero no puede ser, pregunta el desconfiado novio, que todas estas cosas las hubieran pedido prestadas para hacerme creer que son ricos? ¡ya! responde el agente, ¡cualquiera les presta a estos nada!

Luego están los chistes cínicos. Pueden ser los chistes de colectividades contados por ellos mismos. Un ejemplo sobre la colectividad judía: No es bueno ser rico siendo judío, la miseria ajena no le deja a uno gozar de la propia felicidad.

Y los chistes escépticos, que son los que atacan a la seguridad de nuestros conocimientos.
Se puntualizó la importancia de los mecanismos de desplazamiento y de condensación en la elaboración del chiste, estos mecanismo se asociaron también con la formación del sueño. El chiste tiene su importancia en el estudio del psicoanálisis por que es una de las formaciones del inconsciente junto con los sueños, los lapsus o los síntomas.

En la segunda parte del ensayo sobre EL CHISTE, llamado la parte sintética, vamos a trabajar el mecanismo de placer, cabría preguntarse ¿qué es lo que produce placer en el chiste y cuáles son las fuentes del mismo?

La pasada clase mostraron que esencialmente existen dos fuentes de placer, a saber, la propia técnica del chiste, es decir de la manera en que está construido, y la otra de las fuentes de placer, serían las propias tendencias. Más adelante iremos desarrollando estas dos fuentes de placer.

Como primer acercamiento a la cuestión del mecanismo del placer, nos valdremos del estudio de los chistes tendenciosos, en estos surge el placer ante la satisfacción de una tendencia que sin el chiste hubiera permanecido incumplida.

Existen dos tipos de casos que, nos valdrá la pena discriminar, en el primero de ellos, la objeción que se opone a la satisfacción de la tendencia es exterior, por ejemplo en el chiste que traían el miércoles pasado, el del monarca que paseando por la villa, se asombra de encontrarse con un súbdito muy parecido a él. El rey le pregunta: “muchacho, ¿alguna vez sirvió tu madre en palacio?”. A lo que el muchacho le contesta: “no alteza, mi madre no, pero mi padre sí”.

En este ejemplo la tendencia es la de replicar una ofensa con otra equivalente y lo que se opone a dicha tendencia es un factor externo, en este caso el poder o la autoridad de las persona a quien va dirigida la ofensa. El segundo caso sería cuando el obstáculo que se opone a la tendencia es interior, representando por un sentimiento íntimo.

En ambos casos sucede que con ayuda del chiste queda vencido el obstáculo interior o exterior y suprimida la coerción; proceso que, en los dos tipos de ejemplos, hace posible la satisfacción de la tendencia y evita, además, una cohibición y el «estancamiento psíquico» que la acompaña. Por otro lado, los casos de obstáculo exterior y los de obstáculo interior, se diferencian entre sí tan sólo, en que en los primeros, lo que se hace es evitar la formación de una nueva represión, y en los segundos, se remueve una represión que ya existía anteriormente.

Ahora bien, tanto para la formación como para el mantenimiento de una coerción psíquica, es necesario un gasto de energía psíquica, si a esto agregamos que, en el chiste tendencioso el sujeto consigue una cuota de placer, la hipótesis que se nos plantea es la siguiente, el efecto de placer del chiste tendencioso consiste en el ahorro de gastos energéticos de una coerción o represión, es decir, que la aportación de placer en el chiste corresponde a un gasto psíquico ahorrado.

Para continuar nuestra exposición, vamos a estudiar los chistes inocentes, como recordatorio eran aquellos tipos de chistes que, a priori, no perturbaban nuestro juicio crítico induciéndolo al error por el contenido o la tendencia, en estos casos el contenido o la tendencia no poseen fuerza suficiente para producir un ahorro de energía y la consecución de placer., más bien, proviene de que las técnicas del chiste son por sí mismas fuentes de placer.

Con respecto al chiste inocente podemos hacer una división en tres grandes grupos. El primer grupo de estos chistes inocentes serían “los juegos de palabras”, el segundo grupo de medios técnicos del chiste inocente son –la unificación, la similicadencia, el múltiple empleo, la modificación de conocidos modismos y la alusión a citas literarias- y el tercero de estos tres grupos de técnicas de este tipo chiste son las correspondientes al chiste intelectual en el que quedan comprendidos los errores intelectuales, el desplazamiento, el contrasentido y la exposición antinómica.

El Primer grupo como dijimos son los juegos de palabras, su técnica consiste en dirigir nuestra atención psíquica hacia el sonido de las palabras en lugar de hacia su sentido. Este proceso supone un menor trabajo psíquico, inversamente, al trabajo que debemos hacer, para realizar un uso apropiado y riguroso del empleo de las palabras.

En los estados patológicos donde la actividad mental, no puede concentrar gastos psíquicos en un punto determinado, la imagen sonora de las palabras sustituye al significado de las mismas, el enfermo avanza en el discurso siguiendo las asociaciones externas, esto es, la representación verbal, en lugar de las internas. También en el niño, acostumbrado a manejar las palabras como objetos, observamos la tendencia a buscar tras de un mismo o parecido sonido verbal igual significación, esta situación da origen a graciosos errores que hacen reír a los adultos.

Un segundo grupo de medios técnicos del chiste inocente son -la unificación, la similicadencia, el múltiple empleo, la modificación de conocidos modismos, y la alusión a citas literarias- nos muestran el carácter común de ofrecernos algo ya conocido allí donde esperábamos encontrar algo nuevo. Este reencuentro de lo conocido es placiente, este placer, se deriva del ahorro de gasto psíquico. Este grupo de técnicas es usado mucho por los cómicos, usado frases que se repiten, expresiones hechas o inventadas, gestos, etcétera.

En la poesía la rima, la aliteración, el estribillo y otras formas de la repetición de sonidos verbales análogos, utilizan la misma fuente de placer, es decir el ahorro de un gasto psíquico derivado del reencuentro con lo conocido.

El tercer grupo de las técnicas del chiste son -el chiste intelectual- en el que quedan comprendidos los errores intelectuales, el desplazamiento, el contrasentido y la exposición antinómica. Un ejemplo del desplazamiento que estaría englobado en el chiste intelectual: Un vendedor, exagera las bondades de su caballo, frente a su presunto comprador: Se monta usted en este caballo a las cuatro de la mañana, y a las seis y media está usted en matalascañas. ¿Y qué hago yo en matalascañas a las seis y media de la mañana? Aquí se ve claramente el desplazamiento, el vendedor cita la hora para hablar de las excelencias del caballo, el comprador no considera esto, sólo considera la cuestión del tiempo.

Las técnicas del chiste intelectual, guardan relación con la facilidad de desviarnos de una ruta mental iniciada, de confundir lo diferente a pesar de establecer marcadas antítesis, y de admitir como válidas consecuencias que la lógica rechaza o prescindir de la condición de que las palabras, al unirse entre sí, formen un sentido.

Podemos observarlo en la conducta del niño cuando aprende su idioma o en el adulto bajo los efectos de alguna droga, lo podríamos llamar “el placer de disparatar”.

El niño en el aprendizaje del lenguaje experimenta mediante juegos, une las palabras sin tener en cuenta su sentido, con el único objeto de alcanzar el efecto placiente del ritmo o de la rima. Este placer va siéndole prohibido al niño cada día más por su propia razón, hasta dejarlo limitado a aquellas uniones de palabras que forman un sentido. Entre los juegos por ejemplo modifica las palabras por medio de determinados afijos, transforma sus formas a través de dispositivos especiales (como la reduplicación) o hasta crea, para entenderse con sus compañeros de juego, un idioma especial. En la clínica, en determinadas categorías de enfermos mentales, nos encontraremos estos mismos experimentos con el material verbal.
El niño proseguirá con estos juegos, dándose perfecta cuenta de que son desatinados y encuentra el placer en el atractivo de infringir las prohibiciones de la razón. Utiliza el juego para eludir el peso de la razón crítica. Pero las limitaciones aumentarán durante la educación, en el niño ha de constituirse el juicio crítico, este adquiere la capacidad de distinguir en la realidad lo verdadero de lo falso.

En el adulto vemos una situación parecida a la del niño, la influencia del alcohol le proporciona placer, al dejar librada la disposición del curso de sus pensamientos, sin observación de la coerción lógica.

Las técnicas intelectuales o de desplazamiento del chiste corresponden a una fuente de placer. Recordemos que este placer surge del ahorro de gasto psíquico y de la liberación de la coerción de la crítica.

Hemos revisado las técnicas del chiste inocente, que anteriormente hemos dividido en tres grupos.

El primer grupo y el tercero, es decir el de juegos de palabras, que consiste en dirigir nuestra atención psíquica hacia el sonido de las palabras en lugar de hacia su sentido y el de técnicas del chiste intelectual donde hemos visto el empleo del desplazamiento, usan el mismo procedimiento restableciendo antiguas libertades y descargando al sujeto del peso de las coerciones impuestas por la educación intelectual.

El segundo grupo de técnicas son el reencuentro con lo conocido, que supondrían un ahorro de energía, por medio de la propia técnica del chiste.

Entonces vemos que, existen dos fuentes principales de producción de placer, una sería la del ahorro de una coerción o represión, y otra la del ahorro que aporta la propia técnica del chiste.

Si seguimos el desarrollo del chiste, vemos que inicialmente, el placer procede del juego con palabras o del desencadenamiento del desatino, y su sentido es el de proteger este placer contra su supresión crítica.

Después, el chiste queda reconocido como un factor de poder psíquico. Los instintos y tendencias de la vida anímica lo toman a su servicio para alcanzar sus fines. El chiste, carente de tendencias y que comienza como un juego se pone, secundariamente, al servicio de las tendencias sexual, hostil, cínica y escéptica, como vimos antes cuando revisamos las intenciones del chiste.

Por otro lado la coerción interna es de gran interés, es la llamada «represión», y se caracteriza por sus efectos, consistentes en excluir de la conciencia una representación que permanecía ligada a un afecto, separando el afecto de la representación, que cae bajo su acción, con todos sus derivados y ramificaciones, el chiste tendencioso consigue extraer placer incluso de estas fuentes sometidas a la represión.

En el chiste tendencioso, existe un sentimiento o aspiración que quería extraer placer de una determinada fuente, pero tropieza con otro obstáculo. De otra parte, existe otra aspiración que, actúa en contra de este desarrollo de placer, estorbándolo o reprimiéndolo.

Unimos, a este recorrido, una nueva aspiración que, consigue placer del mismo proceso, entendiendo proceso como manufactura del chiste, podemos decir que, se obtiene el placer de hacer el chiste, aspiración que actúa, en el mismo sentido que la reprimida.

Expondremos un ejemplo.

Supongamos que existe una aspiración a insultar a una persona; al encuentro de esta aspiración salen, el respeto de las normas de convivencia y culturales, entonces el insulto tiene que ser retenido, y si surgiera este insulto tal cual, probablemente sería sentido después con displacer. Pero existe una nueva posibilidad, la de conseguir un buen chiste del material de palabras y pensamientos que habían de servir para expresarlo, o sea una ocasión de conseguir placer de otras fuentes distintas y cuyo acceso no está prohibido por la misma represión. Sin embargo, esta segunda conquista de placer no podría realizarse si el insulto hubiera de ser abandonado; éste es admitido, en su nueva forma expresiva, queda ligada también a él la nueva consecución de placer, ese placer de la técnica que hemos hablado anteriormente, un placer estético, un placer que lo llamaremos el placer preliminar.
Con la ayuda de este placer del chiste la tendencia reprimida recibe la energía suficiente para vencer la coerción. Se insulta porque con ello se hace el chiste. Pero el placer a que se aspira no es el producido por el chiste; es superior, la tendencia antes reprimida ha conseguido imponerse y manifestarse en la conciencia, aunque disfrazada o deformada por medio del chiste.

Podemos ya exponer que en el mecanismo del chiste tendencioso, se pone éste al servicio de determinadas tendencias con el fin de producir un nuevo placer, suprimiendo retenciones y represiones por medio del placer del chiste, que actúa en calidad de placer preliminar. Este principio del placer preliminar, es el placer que actúa como prima de atracción para conseguir la libertad de una magnitud mayor de energía, que en este caso es el levantamiento de una represión.

Para concluir, desplegaremos un resumen del desarrollo del chiste, este, comienza como un juego dedicado a conseguir placer del libre empleo de palabras e ideas. Luego, en cuanto el fortalecimiento de la razón rechaza, como falto de sentido, el juego con las palabras, y como disparatado aquel en que intervienen las ideas, se transforma en disparates para conservar estas fuentes de placer y poder conquistar nuevo placer por medio de la liberación del disparate. Como chiste propiamente dicho, aun exento de toda tendencia, presta su ayuda a las ideas y las fortalece contra los ataques del juicio crítico; por último entra al servicio de las tendencias que luchan contra la represión y se encarga de suprimir obstáculos interiores, conforme al principio del placer preliminar. La razón – es decir el juicio crítico- y la represión son los poderes que uno tras otro va combatiendo, mientras conserva las primitivas fuentes de placer verbal y se abre paso, a partir del grado del disparate, hasta otras nuevas, por medio del levantamiento de represiones. El placer que produce el chiste, sea placer de juego o de eludir la represión, lo podemos derivar, en cada caso, del ahorro de un gasto psíquico.

 

 

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